Reporte de caso
Vol. 73 Núm. 4 (2026)
53 min
Elma Isela Fuentes Lara1*
, Dayra Elisa Téllez Romo1
, Jorge Arturo González Ramírez1
, Rodrigo Lomelí Valdés2
, Abner Bojalil Cabildo3
1 Universidad Autónoma de Durango, Durango, México.
2 Instituto Nacional de Pediatría, Ciudad de México, México.
3 Hospital Regional de Alta Especialidad Dr. Ignacio Morones Prieto, San Luis Potosí, México.
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Las reacciones cutáneas adversas a medicamentos representan un reto diagnóstico en la población pediátrica, pues sus manifestaciones pueden superponerse con dermatosis frecuentes de la infancia, exantemas virales y otras enfermedades inflamatorias.1 Dentro de este grupo, el eritema fijo pigmentado constituye una reacción de hipersensibilidad retardada mediada por células T, caracterizada por la aparición de placas eritematosas o violáceas, bien delimitadas, que recurren en los mismos sitios anatómicos después de la reexposición al fármaco causal y que pueden dejar hiperpigmentación residual.2,3
El eritema fijo pigmentado supone entre 5 y 22% de las reacciones cutáneas medicamentosas descritas en la población pediátrica; sin embargo, la evidencia disponible en niños continúa siendo limitada y se basa principalmente en reportes y series de casos.3 Los antibióticos se encuentran entre los desencadenantes más frecuentemente descritos, seguidos de los analgésicos y antiinflamatorios. En menores de 10 años, el paracetamol adquiere particular relevancia como fármaco implicado.3
El paracetamol es uno de los analgésicos y antipiréticos prescritos con mayor frecuencia en pediatría y debido a su amplio uso y perfil de seguridad conocido no puede considerarse, inicialmente, el agente causal de una erupción cutánea recurrente. La identificación del medicamento responsable puede resultar particularmente compleja cuando existen exposiciones concomitantes con otros fármacos, incluso cuando la relación temporal no es evidente en todos los episodios.
A continuación se describe el caso de una paciente pediátrica con eritema fijo pigmentado múltiple inducido por paracetamol, confirmado mediante prueba de provocación por vía oral, y se procede a la revisión narrativa de la bibliografía enfocada en las características clínicas, mecanismos fisiopatológicos, diagnóstico diferencial y definitivo de la enfermedad. El caso destaca la importancia de realizar la anamnesis farmacológica dirigida en pacientes con lesiones cutáneas recurrentes y considerar medicamentos de administración o prescripción cotidiana, como el paracetamol, entre los posibles desencadenantes.
Paciente femenina de 4 años, originaria de Tabasco, México, con peso de 27 kg, antecedente personal de rinitis alérgica, sin antecedentes personales de hipersensibilidad ni familiares a medicamentos o enfermedades alérgicas, referida para evaluación por probable hipersensibilidad a ibuprofeno.
El cuadro clínico inició con fiebre y aparición de máculas eritematosas pruriginosas en el tórax, los glúteos y las extremidades inferiores, asociadas con prurito intenso. Se integró el diagnóstico de varicela, por lo que recibió tratamiento tópico, sin respuesta clínica favorable. Ante la persistencia de la fiebre y el desarrollo de adenopatías, fue hospitalizada por sospecha de infección por virus de Epstein-Barr versus síndrome estafilocócico de la piel escaldada. Durante su estancia hospitalaria recibió antibióticos y tratamiento tópico con corticosteroides. Fue egresada con hiperpigmentación residual, que disminuyó gradualmente durante el mes posterior.
La paciente tuvo nuevos episodios de características similares. Se solicitaron estudios paraclínicos, que resultaron normales. Durante el interrogatorio dirigido se identificó que algunos de los episodios habían ocurrido después de la administración de paracetamol; sin embargo, en otras recurrencias la madre no recordaba alguna exposición previa a este medicamento, por lo que no era posible establecer con certeza la relación causal únicamente mediante la historia clínica.
Por la recurrencia de las lesiones, la sospecha de reacción de hipersensibilidad medicamentosa y la inconsistencia de la historia farmacológica respecto de la exposición al paracetamol, se decidió efectuar una prueba de provocación oral con el medicamento sospechoso, con la finalidad de establecer con mayor certeza el fármaco causal. La prueba se llevó a cabo con previa valoración individual del riesgo-beneficio y después de obtener el consentimiento informado de los padres o tutores.
La prueba de provocación oral se realizó con vigilancia clínica y monitorización, con disponibilidad inmediata de adrenalina y otros medicamentos para el tratamiento de alguna eventual reacción adversa. No se colocó acceso venoso profiláctico.
Puesto que la paciente tenía un peso de 27 kg, se estableció una dosis terapéutica objetivo de paracetamol de 10 mg/kg/dosis, correspondiente a una dosis total acumulada de 270 mg. Se utilizó un esquema escalonado de 10, 30 y 60% de la dosis total, equivalente a 27 mg, 81 mg y 162 mg, respectivamente, con intervalos de 30 minutos entre cada administración. Después de completar la dosis acumulada, la paciente permaneció en observación durante dos horas.
En la primera hora posterior a la administración del medicamento manifestó prurito intenso. Al día siguiente aparecieron placas violáceas en los mismos sitios anatómicos previamente afectados, con posterior hiperpigmentación residual, hallazgos compatibles con eritema fijo pigmentado múltiple (Figura 1). La reaparición de las lesiones características posterior a la exposición controlada a paracetamol permitió considerar positiva la prueba de provocación oral y establecer al paracetamol como el fármaco causal.
Posterior a la reacción recibió tratamiento con antihistamínico y corticosteroides por vía tópica durante cinco días. La hiperpigmentación residual persistió durante aproximadamente tres semanas.
Se indicó evitar de manera permanente nuevas exposiciones a paracetamol y se proporcionaron alternativas para el tratamiento de la fiebre y el dolor. La paciente permaneció en seguimiento durante seis semanas posteriores a la prueba de provocación oral, sin registrar recurrencias.
Se realizó una revisión narrativa de la bibliografía entre abril y junio de 2026. Se consultaron las bases de datos PubMed y Scopus. La estrategia de búsqueda incluyó términos MeSH y palabras clave relacionados con eritema fijo pigmentado y reacciones de hipersensibilidad a medicamentos: “fixed drug eruption”, “acetaminophen”, “paracetamol”, “child”, “pediatric”, “paediatric”, “hypersensitivity”, “delayed hypersensitivity” y “drug eruption”, utilizados de manera individual y mediante combinaciones con operadores booleanos.
Se consideraron publicaciones entre 1980 y 2025, en idioma inglés y español. Se incluyeron artículos originales, series de casos, reportes de casos y revisiones que aportaran información relevante de fisiopatología, manifestaciones clínicas, medicamentos desencadenantes, diagnóstico, pruebas de provocación, diagnóstico diferencial y tratamiento de pacientes con eritema fijo pigmentado. Se otorgó especial interés a las publicaciones asociadas con la población pediátrica y paracetamol.
Se excluyeron registros duplicados, publicaciones que no abordaran específicamente el eritema fijo pigmentado, documentos sin información pertinente para los objetivos de la revisión y publicaciones cuyo contenido no permitiera establecer su relevancia clínica. La bibliografía de los artículos seleccionados fue revisada de manera complementaria para identificar publicaciones adicionales de interés.
Se incluyeron 37 publicaciones inicialmente en la síntesis narrativa. Durante el proceso de revisión editorial se llevó a cabo la actualización dirigida de la bibliografía, con la finalidad de identificar publicaciones recientes en pacientes pediátricos y nuevos reportes relacionados con paracetamol que pudieran contribuir con la discusión del caso.
El eritema fijo pigmentado múltiple es una reacción de hipersensibilidad tipo IV, en cuya fisiopatología participan de manera central los linfocitos T CD8+ de memoria residentes en tejido (TRM), que persisten en la epidermis de las lesiones previas. Esta población celular explica la recurrencia característica de las lesiones en los mismos sitios anatómicos luego de la reexposición al fármaco causal.5-7
En las lesiones residuales pigmentadas predominan linfocitos T CD8+ con características fenotípicas de memoria efectora, residencia tisular y activación cutánea.8-11 Las células TRM pueden persistir durante periodos prolongados en la epidermis, favorecidas por IL-15, producida por los queratinocitos, lo que resulta en el mantenimiento de la memoria inmunológica local.6-8,12,13
Después de la reexposición al fármaco causal, las células T CD8+ intraepidérmicas se activan rápidamente y producen mediadores proinflamatorios (IFN-γ y TNF-α), lo que provoca daño epidérmico local.6,12,14,15 La apoptosis de los queratinocitos también puede estar mediada por la vía Fas/FasL.13 Durante la evolución de la lesión participan, además, linfocitos T CD4+ y células reguladoras, que contribuyen a modular la respuesta inflamatoria.8,12,13
Las manifestaciones que acompañan al eritema fijo pigmentado múltiple se clasifican en locales cutáneas y sistémicas, donde las primeras son significativamente más frecuentes y características de la enfermedad.
En algunos casos, las placas eritematosas provocan dolor o sensibilidad a la palpación. En las variantes bullosas puede observarse vesiculación o formación de ampollas centrales, generalmente acompañadas de prurito moderado.2,3
Las lesiones provocadas por el eritema fijo pigmentado múltiple aparecen predominantemente en regiones mucocutáneas, incluidos los labios, genitales, manos y pies. No obstante, su distribución puede variar en función del fármaco desencadenante y edad del paciente, lo que contribuye con la heterogeneidad clínica de la enfermedad.2
Las lesiones del eritema fijo pigmentado múltiple pueden aparecer en cualquier región del cuerpo, incluidas las superficies mucosas. Sin embargo, muestran predilección por los labios, las palmas, las plantas, el glande y la región inguinal.2
Se han descrito diferencias en la distribución según el género, por ejemplo, en las mujeres suele afectar con mayor frecuencia las extremidades, y en los hombres la mucosa genital.2
Los estudios al respecto sugieren que las lesiones pueden localizarse en múltiples áreas del cuerpo: cuello, tronco y extremidades, lo que refleja una distribución relativamente amplia en este grupo etario.2,3,15
El tronco representa el sitio más frecuentemente afectado en el 36% de los casos, seguido de las extremidades superiores en un 29.2%; extremidades inferiores en el 27.3%, y la cara en el 21.7%.2,3
De manera semejante a lo descrito en adultos, la lesión en las mucosas se ha reportado en el 43.7%, principalmente en la mucosa genital. En cuanto a la mucosa oral, las lesiones pueden manifestarse con aftas, ampollas o eritema, y pueden curarse sin dejar hiperpigmentación residual.1-3
Los fármacos asociados con el eritema fijo pigmentado múltiple muestran variaciones importantes entre la población adulta y pediátrica, lo que refleja diferencias en los patrones de prescripción y exposición a medicamentos en cada grupo etario.16,17
En población pediátrica, los antibióticos constituyen los fármacos frecuentemente asociados, destacando las sulfonamidas. Los analgésicos y antipiréticos representan el segundo grupo más frecuente, con el paracetamol en menores de 10 años y asociado con variantes bullosas.18
Los antiinflamatorios no esteroides, como ibuprofeno, naproxeno y diclofenaco, suelen observarse con frecuencia en pacientes mayores de 10 años. De forma menos habitual se han descrito anticonvulsivos, antifúngicos, antihistamínicos, incluso aditivos alimentarios como tartrazina.1,3
El diagnóstico en pacientes con eritema fijo pigmentado múltiple suele establecerse mediante las manifestaciones clínicas y se basa en la identificación de recurrencia de las lesiones en los mismos sitios anatómicos luego de la reexposición a un medicamento específico. Esta relación temporal constituye el dato más importante para diferenciarlo de otros trastornos pigmentarios cutáneos.19,20
La adecuada anamnesis debe incluir el interrogatorio detallado de medicamentos prescritos, suplementos y productos herbolarios consumidos antes de la aparición de las lesiones. Asimismo, resulta fundamental establecer el intervalo entre la exposición farmacológica y la aparición de las lesiones, además de los antecedentes de episodios similares previos.21
En la exploración física debe documentarse la cantidad, tamaño, distribución y morfología de las lesiones, y descartar la afectación en las mucosas, formación de ampollas o síntomas sistémicos que sugieran una reacción medicamentosa grave.20
La biopsia cutánea con tinción convencional de hematoxilina-eosina puede ser útil para confirmar el diagnóstico en casos dudosos. Los hallazgos histopatológicos típicos incluyen: dermatitis de interfase o infiltrado liquenoide linfocítico asociado con degeneración vacuolar basal y apoptosis de queratinocitos.22
La inmunofluorescencia directa no se considera necesaria en el abordaje rutinario del EFP, del liquen plano pigmentoso ni del eritema discrómico persistente. Su utilidad se reserva principalmente para enfermedades ampollosas autoinmunes, vasculitis y algunas enfermedades del tejido conectivo. En la mayoría de los casos, la correlación clínico-patológica mediante biopsia convencional es suficiente para establecer el diagnóstico.23
La prueba de provocación oral constituye el método de referencia para identificar el fármaco responsable en pacientes con eritema fijo pigmentado múltiple, debido a su elevada sensibilidad diagnóstica. El protocolo habitual inicia con la administración de un cuarto o mitad de la dosis terapéutica del medicamento sospechoso y, ante la ausencia de reacción en las siguientes 24 horas, se continúa con la dosis completa durante tres días. No obstante, su administración debe valorarse con cautela, porque puede inducir reactivación de las lesiones, aparición de nuevas áreas afectadas o cuadros de mayor gravedad. Su administración está contraindicada en casos de eritema fijo pigmentado bulloso generalizado por el riesgo de reacciones graves.3,24
El diagnóstico del eritema fijo pigmentado múltiple puede representar un reto clínico debido a la similitud de las manifestaciones con diversas dermatosis inflamatorias y pigmentarias. Por ello es importante considerar distintas alteraciones dentro del diagnóstico diferencial, especialmente en pacientes pediátricos (Cuadro 1).
En conjunto, el reconocimiento de los distintos diagnósticos diferenciales del eritema fijo pigmentado múltiple resulta decisivo para establecer la adecuada correlación clínica y evitar retrasos diagnósticos, tratamientos innecesarios y la reexposición al fármaco desencadenante.
El tratamiento consiste en la suspensión inmediata y definitiva del fármaco causal, así como en evitar medicamentos con potencial reactividad cruzada. Para el tratamiento de los síntomas se prescriben antihistamínicos y corticosteroides tópicos potentes, teniendo precaución en áreas faciales o intertriginosas. Las lesiones suelen curarse en días o semanas, aunque la hiperpigmentación residual puede persistir durante periodos prolongados.14,20
Mathieu A y colaboradores, en su revisión sistemática de 92 artículos, con 233 pacientes pediátricos con eritema fijo medicamentoso, encontraron que la edad media de aparición es a los 7.7 años, con mayor frecuencia de lesiones múltiples en 75.6% de los casos. Las localizaciones más frecuentes fueron el tronco (36%) y las extremidades inferiores (29.2%), y la afección de mucosas se informó en el 43.7% de los pacientes. En cuanto a los fármacos desencadenantes, los antibióticos fueron los más frecuentes; sin embargo, el paracetamol mostró una asociación particularmente importante en los pacientes menores de 10 años, en quienes estuvo implicado en el 13.7% de los casos versus 3.3% en mayores de 10 años.3 Estos hallazgos muestran similitud con el caso aquí expuesto, debido a que se trata de una paciente pediátrica de 4 años con lesiones múltiples, que afectaron principalmente el tronco, los glúteos y las extremidades inferiores, y cuyo desencadenante identificado fue el paracetamol.
Nguyen ED y su grupo señalan que las reacciones cutáneas adversas a medicamentos representan un reto diagnóstico en niños, porque pueden simular enfermedades frecuentes, como exantemas virales, enfermedad de Kawasaki y otras alteraciones inflamatorias. Dentro de estas reacciones, describen al eritema fijo pigmentado múltiple como una enfermedad caracterizada por lesiones bien delimitadas, que reaparecen en el mismo sitio después de la reexposición al fármaco responsable, generalmente con evolución posterior de hiperpigmentación que puede persistir durante meses o años.1 En nuestro caso, esta dificultad diagnóstica se integró desde las primeras manifestaciones, pues la paciente inició con fiebre y máculas eritematosas pruriginosas, y fue inicialmente diagnosticada con varicela; posteriormente se consideró infección por virus de Epstein-Barr y síndrome estafilocócico de la piel escaldada.
La aparición de hiperpigmentación residual y posteriormente la recurrencia de lesiones en sitios previamente afectados permitió orientar el diagnóstico hacia eritema fijo pigmentado múltiple.
Ben Fadhel N y su equipo de trabajo informaron que las extremidades superiores fueron la localización más frecuente en el 65.9% de los casos, y 15 de los 41 pacientes totales reportaron lesiones ampollosas. Los antiinflamatorios no esteroides fueron responsables de 51.2% de los casos, seguidos de los antibióticos en 24.4% y otros analgésicos en 19.5%. De manera particular, el paracetamol se asoció significativamente con manifestación ampollosa, con una razón de momios de 16.7 (IC 95%: 1.76–158; p = 0.014).24 Aunque esta serie corresponde predominantemente a la población adulta, sus hallazgos son relevantes para nuestro caso debido a la identificación del paracetamol como posible desencadenante de manifestaciones con mayor gravedad. En contraste, la paciente del caso actual expresó la variante pigmentada múltiple sin evolución hacia lesiones ampollosas ni afectación mucosa.
Genovese G y colaboradores reportaron el caso de una niña de 5 años con eritema fijo pigmentado múltiple inducido por paracetamol, quien tuvo seis episodios similares durante tres años. Las lesiones consistieron en placas ovaladas eritemato-violáceas localizadas en el tórax, abdomen, espalda y extremidades, con recurrencia exacta en los mismos sitios después de cada exposición. Los episodios aparecieron entre 30 minutos y 1 hora después de la administración de paracetamol, y las lesiones desaparecían, pero dejaban hiperpigmentación residual.18 Este caso muestra similitud estrecha con nuestra paciente en cuanto a la edad, el carácter recurrente de las lesiones, la hiperpigmentación y, principalmente, la relación temporal con la administración de paracetamol.
En cuanto a la confirmación del agente causal, Mathieu A y su grupo, en su estudio con 106 pacientes pediátricos sometidos a pruebas diagnósticas, a quienes se efectuaron pruebas de provocación oral (72.6%), identificada como la prueba con mayor sensibilidad para confirmar el fármaco responsable, encontraron que la prueba de provocación oral puede implementarse con dosis fraccionadas del medicamento sospechoso y la coexistencia de lesiones múltiples no influyó significativamente en la decisión de realizarla.3 En nuestra paciente, la prueba de provocación se realizó mediante administración escalonada de paracetamol al 10, 30 y 60% de la dosis total, con lo que manifestó prurito intenso durante la primera hora y reaparición de placas violáceas en las áreas previamente afectadas.
Panachiyil GM y colaboradores describieron un paciente de 5 años con eritema fijo pigmentado múltiple relacionado con el colorante carmoisina en un jarabe de paracetamol, quien manifestó placas hiperpigmentadas en el cuello y el tronco, además de antecedentes de episodios similares posteriores al consumo del mismo fármaco.15 Este antecedente resulta relevante en nuestro caso, pues demuestra la necesidad de considerar el principio activo y los componentes de la formulación farmacéutica ante la sospecha de eritema fijo pigmentado múltiple asociado con paracetamol; no obstante, la posibilidad de sensibilización a excipientes debe tenerse en cuenta, particularmente cuando existen diferentes presentaciones comerciales del mismo medicamento.
La identificación temprana de pacientes pediátricos con eritema fijo pigmentado múltiple continúa siendo un reto diagnóstico, debido a la similitud clínica con exantemas virales y otras dermatosis inflamatorias. El caso aquí expuesto resalta la importancia de efectuar la anamnesis dirigida y reconocer la recurrencia de las lesiones en los mismos sitios anatómicos, hallazgo decisivo para establecer el diagnóstico. En la práctica alergológica, ante lesiones cutáneas recurrentes que dejan pigmentación residual, debe investigarse de manera sistemática la exposición repetida a medicamentos de administración o prescripción frecuente y considerados habitualmente seguros, como el paracetamol. Su identificación como posible desencadenante resulta relevante en pediatría, donde su administración puede coincidir con cuadros febriles inicialmente atribuidos a procesos infecciosos. El reconocimiento oportuno de esta enfermedad permitirá evitar nuevas exposiciones al fármaco causal, reducir el riesgo de formas ampollosas o generalizadas, y limitar intervenciones diagnósticas y terapéuticas innecesarias.
Los autores declaran no tener fuentes de financiamiento.
Elma Isela Fuentes Lara: Conceptualización, investigación, análisis formal, validación, visualización, redacción-borrador original, redacción-revisión y edición, supervisión y recursos. Dayra Elisa Téllez Romo: Metodología, investigación, curación de datos, análisis formal, validación, visualización, redacción-borrador original, redacción-revisión y edición. Jorge Arturo González Ramírez: Investigación, análisis formal, validación. Rodrigo Lomelí Valdés: Investigación, validación, visualización y recursos. Abner Bojalil Cabildo: Metodología, investigación, curación de datos, análisis formal, validación, visualización, redacción-borrador original y redacción-revisión y edición.
Los autores declaran no tener ningún conflicto de interés.
Se obtuvo el consentimiento informado del paciente para publicar este artículo.
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